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La simplicidad en internet, un atributo más de calidad

Para diferenciarnos de una forma significativa de los demás sitios web debemos reducir la carga visual de nuestra página. Sin duda, los elementos simples tienden a ser más atractivos hacia el usuario, y ésto puede ser utilizado en estrategias de venta, pero no es tarea fácil.

La realidad es que siempre trabajamos con sistemas complejos que no están pensados para proveer una experiencia fácil hacia el usuario. Nuestras decisiones sobre el diseño van a influir en cómo el usuario siente el control total sobre el uso del sitio web, y de ahí su experiencia. Para que el usuario se sienta cómodo mientras navega gracias a un diseño amigable, es necesario invertir esfuerzos reducir y organizar los diferentes contenidos y opciones, evidentemente sin que esto desemboque en una mayor complejidad.

Dependiendo de las reflexiones que realicemos a la hora de diseñar, siempre podremos prescindir de elementos que no sean importantes en una interfaz gráfica y por ende reduciremos la carga visual mejorando así la usabilidad para el usuario.

Uno de los principales problemas  a los que se enfrenta el usuario aparece cuando cada elemento puede relacionarse de forma distinta con el resto y adoptar funciones variadas. Esto aumenta la complejidad y le obliga a hacer un esfuerzo mayor comprender la función que se le propone.

En el siguiente ejemplo vemos un cuadro de cancelación donde la semántica resulta ser bastante confusa

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Entendemos la simplicidad en la web como un proceso transformador, destinado a facilitar el uso del producto y orientado a reducir la complejidad a un nivel controlable por el usuario. Existe un método para alcanzar esta complejidad: la deconstrucción, que consiste en un análisis que nos permite reducir la complejidad sin sacrificar ningún elemento significativo en la web.

Al final nuestro objetivo no es simplificar, si no minificar la frustración del usuario cuando se enfrenta a las tareas. A través de la simplicidad podremos lograr un diseño comprensible y que genere experiencias satisfactorias de uso.

La reducción debe plantearse siempre desde la funcionalidad. Esto no quiere decir que aquello que no alcance la funcionalidad adecuada deba ser eliminado. Siempre será posible modificar su presencia, aspecto y ubicación, disminuyendo su jerarquía visual. Por ejemplo, todos aquellos elementos de mayor tamaño, o los ubicados en zonas centrales de la interfaz, tienen mayor capacidad de atracción de la atención visual. Por el contrario, si su tamaño o posición quedan minimizados, o simplemente están ocultos, se disminuye su jerarquía visual.

En el siguiente ejemplo vemos como podemos hacer más complejo un simple formulario tanto por exceso de información como por exceso de reducción:

 ejemplos

 

Un diseño deja de ser fácil de usar principalmente cuando sus elementos son difíciles de identificar y dotar de significado en el conjunto completo.

 

Conclusión

El error es intentar hacer frente a esa complejidad pensando que nuestros usuarios están buscando algo fácil de usar. Sus necesidades están marcadas por la facilidad de uso de la complejidad. Adecuar las características del diseño a las necesidades de nuestros usuarios, destacando la utilidad, funcionalidad y facilidad de uso, puede ayudarnos a gestionar la complejidad necesaria y producir diseños que eviten la frustración del usuario.

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